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En la UBA
jueves, junio 22, 2006

Sé que estoy en la UBA cuando:

- adelantan parciales una semana con una semana de aviso.
- incluyen textos que no figuran en el programa un jueves de madrugada por mail cuando el lunes es el parcial.
- asisto a un teórico dado por el profesor de cátedra... y me entero media hora después que el profesor no viene.
- se me congelan los pies pese a tener medias y botas y estar con polera, saco de lana y sacón de lana (así es: faltaban los guantes, qué poco precavida fui...)
- la fotocopiadora del CEP "pierde" apuntes que el profesor dejó diez minutos antes.
- vienen los del CEP a interrumpir una clase para hacer política. Y yo pienso: yo a vos te tengo de algún lado... y me doy cuenta de que hace cinco años que estoy en la carrera y hace cinco años que veo a la misma persona interrumpiendo... si psicología dura cinco años y esa persona está hace ya un par cuando yo ingresé: ¿por qué todavía no se recibió...?
- recurso una materia y es como poner replay en un cassette: la clase es LA MISMA, con el mismo vocabulario y los mismos ejemplos.

Y me siento una verdadera estudiante de la UBA cuando estudio durante semanas y hago resúmenes para un parcial en el que me bochan y luego voy a rendir para la misma materia otro parcial SIN HABER LEÍDO la bibliografía de nuevo y me aprueban con más de cuatro sin haber respondido todas las preguntas.

Amo la UBA cuando:
- en una clase, no es el profesor el único que habla: participan los alumnos y se arman discusiones interesantes trayendo a colación distintos autores.
- discuto de manera acolarada con un profesor sobre la inclusión de la política en la carrera, mis ideas difieren de las suyas y no se la agarra con mis notas finales.
- leo un apunte y me sonrío de lo excelente que me suena una teoría.
- encuentro un profesor que se apasiona con lo que hace y lo transmite hasta al más apático.





domingo, junio 18, 2006

El CBC no es una joda...

Del apunte de ejercicios prácticos de Biología 8 en drago, Cátedra Baldoni, Un ejercicio de genética muy comprometido con las problemáticas contemporáneas:

P.246 Ej:7- En la telenovela "Pobre Gertrudis", la Sra. Méndez y la Sra. García tuvieron hijos en la misma maternidad, al mismo tiempo y en la misma sala de partos, por suerte en distintas camas. La Sra Méndez se llevó al hogar a su hija a la que llamó María Gertrudis de las Caléndulas (¡Pobrecita!). A la Sra. García le dieron un varón al que le puso Ruperto Romualdo, como el esposo de la hermana de su mejor amiga que en el último capítulo se dará cuenta que es su hermano perdido. La Sra. García estaba segura que por el llanto de la criatura ella tuvo una niña y, como la producción no escatima recursos, entabló un gran juicio a la clínica. Pasaron varios capítulos hasta la obtención de las pruebas de sangre. Estas revelaron que la Sra. y el Sr. Méndez eran de grupo B factor Rh -, el Sr. García era de grupo AB factor Rh-, su Sra. grupo 0 factor Rh-, la niña Gertru grupo A factor Rh- y el niño Ruper grupo 0 factor Rh-. Por desgracia, estas pruebas se perderán y no llegarán a manos del médico hasta los últimos capítulos. Para no tener que esperar los 114 capítulos restantes ¿Podrías confirmarle a la Sra. García la duda de un posible cambio? ¿Qué culpa tuvieron los niños de recibir esos nombres? Justifica las respuestas.

Para todos aquellos q miren escépticos a semejante ejercicio...
Esto es 100% veridico..
Ante cualquier duda consulten a un medico o peguenle un vistazo a la guia de ejercicio de esa cátedra en drago...

Y ahora si, una vez más probamos q EL CBC NO ES UNA JODA!


Nota: Yo me encuentro en 4º año de la Facultad de Derecho en la UBA, por lo que notarán que el post no me pertenece a mi, pero no podía dejar de llevar a la luz semejante problemática!





jueves, junio 01, 2006

El estudio universitario es en verdad bello, complejo, sutil... Sin embargo a mucho de nosotros nos ocurre que la necesidad de trabajar, de abocarse en demasía a ésta por diversos -y necesarios- motivos, lo que por lo general enturbia a aquella. Algunos dejan, otros siguen al infinito, otros cambian de carrera o de universidad.
Ahora, que pasaría si fuera diferente. Si por estudiar, el estudiante universitario recibiera una pensión -y alojamiento si su vivienda es en otra provincia o muy lejana-, a cambio, se le exige metas realistas, un buen desempeño o disponibilidad para la facultad cuando avance en la carrera. Pero, fundamentalmente, qeu al recibirse, colabore de por vida para beneficiar a otros de esa manera.
Seria viable? seria pausible en un entorno cultural como el nuestro? o solo es una idea aislada y condenada al olvido como tantas otras?... Solo quería mencionarlo y someterlo a sus opiniones...

PD: al crear el post no aparece la opcion de titulo ( ? ) , era "Qué pasaría si?..."





Es medio largo sí. pero al que le interese, lo leerá hasta el final. Creo que es un punto más para el enfoque, para el análisis de lo que estamos viviendo. Para los que dicen que quieren profesionales de excelencia, los que solo piensan, oh ilusos, que solo asisten a las clases A ESTUDIAR; los mismos que quiza hablan de la exclencia académica, les vendría bien leerlo. Me animo a decir que hasta es una contradicción pedir mayor excelencia y despotricar contra la politización o la acepcia académica, dado que es de un nivel intelectual tan bajo de quienes argumentan esto; ignorar todos los planos sociales en los que estamos inmersos, las luchaes y contradicciones que existen en la sociedad para que tengamos tal o cual carrera. La imposibilidad de preguntarse profesionales para qué...y mejor aún, al servicio de qué proyecto de país, es lo que a esta gente, creo humildemente les está faltando.

Por eso creo pertienente este MANIFIESTO LIMINAR DE LA REFORMA DE 1918, donde los estudiantes, decidieron salirse del "me chupa un huevo, todo siempre seguirá igual", para cambiar, reformar por primera vez en América Latina las estructurales feudales y eclesiasticas que aún hoy sobreviven.


"Hombres de una república libre, acabamos de romper la última cadena que en pleno siglo XX nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica. Hemos resuelto llamar a todas las cosas por el nombre que tienen. Córdoba se redime. Desde hoy contamos para el país una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que nos quedan son las libertades que nos faltan. Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana.


La rebeldía estalla ahora en Córdoba y es violenta, porque aquí los tiranos se habían ensoberbecido y porque era necesario borrar para siempre el recuerdo de los contra-revolucionarios de Mayo. Las universidades han sido hasta aquí el refugio secular de los mediocres, la renta de los ignorantes, la hospitalización segura de los inválidos y ?lo que es peor aún- el lugar en donde todas las formas de tiranizar y de insensibilizar hallaron la cátedra que las dictara. Las universidades han llegado a ser así el fiel reflejo de estas sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil. Por eso es que la Ciencia, frente a estas casas mudas y cerradas, pasa silenciosa o entra mutilada y grotesca al servicio burocrático. Cuando en un rapto fugaz abre sus puertas a los altos espíritus es para arrepentirse luego y hacerles imposible la vida en su recinto. Por eso es que, dentro de semejante régimen, las fuerzas naturales llevan a mediocrizar la enseñanza, y el ensanchamiento vital de los organismos universitarios no es el fruto del desarrollo orgánico, sino el aliento de la periodicidad revolucionaria.


Nuestro régimen universitario ?aún el más reciente- es anacrónico. Está fundado sobre una especie del derecho divino: el derecho divino del profesorado universitario. Se crea a sí mismo. En él nace y en él muere. Mantiene un alejamiento olímpico. La Federación Universitaria de Córdoba se alza para luchar contra este régimen y entiende que en ello le va la vida. Reclama un gobierno estrictamente democrático y sostiene que el demos universitario, la soberanía, el derecho a darse el gobierno propio radica principalmente en los estudiantes. El concepto de Autoridad que corresponde y acompaña a un director o a un maestro en un hogar de estudiantes universitarios, no solo puede apoyarse en la fuerza de disciplinas extrañas a la substancia misma de los estudios.


La autoridad en un hogar de estudiantes, no se ejercita mandando, sino sugiriendo y amando: Enseñando. Si no existe una vinculación espiritual entre el que enseña y el que aprende, toda enseñanza es hostil y de consiguiente infecunda. Toda la educación es una larga obra de amor a los que aprenden. Fundar la garantía de una paz fecunda en el artículo conminatorio de un reglamento o de un estatuto es, en todo caso, amparar un régimen cuartelario, pero no a una labor de Ciencia. Mantener la actual relación de gobernantes a gobernados es agitar el fermento de futuros trastornos. Las almas de los jóvenes deben ser movidas por fuerzas espirituales. Los gastados resortes de la autoridad que emana de la fuerza no se avienen con lo que reclama el sentimiento y el concepto moderno de las universidades. El chasquido del látigo sólo puede rubricar el silencio de los inconscientes o de los cobardes. La única actitud silenciosa, que cabe en un instituto de Ciencia es la del que escucha una verdad o la del que experimenta para crearla o comprobarla.


Por eso queremos arrancar de raíz en el organismo universitario el arcaico y bárbaro concepto de Autoridad que en estas Casas es un baluarte de absurda tiranía y sólo sirve para proteger criminalmente la falsa-dignidad y la falsa-competencia.


Ahora advertimos que la reciente reforma, sinceramente liberal, aportada a la Universidad de Córdoba por el Dr. José Nicolás Matienzo, sólo ha venido a probar que el mal era más afligente de los que imaginábamos y que los antiguos privilegios disimulaban un estado de avanzada descomposición. La reforma Matienzo no ha inaugurado una democracia universitaria; ha sancionado el predominio de una casta de profesores. Los intereses creados en torno de los mediocres han encontrado en ella un inesperado apoyo. Se nos acusa ahora de insurrectos en nombre de una orden que no discutimos, pero que nada tiene que hacer con nosotros. Si ello es así, si en nombre del orden se nos quiere seguir burlando y embruteciendo, proclamamos bien alto el derecho sagrado a la insurrección. Entonces la única puerta que nos queda abierta a la esperanza es el destino heroico de la juventud. El sacrificio es nuestro mejor estímulo; la redención espiritual de las juventudes americanas nuestra única recompensa, pues sabemos que nuestras verdades lo son ?y dolorosas- de todo el continente. Que en nuestro país una ley ?se dice- la de Avellaneda, se opone a nuestros anhelos. Pues a reformar la ley, que nuestra salud moral los está exigiendo.


La juventud vive siempre en trance de heroísmo. Es desinteresada, es pura. No ha tenido tiempo aún de contaminarse. No se equivoca nunca en la elección de sus propios maestros. Ante los jóvenes no se hace mérito adulando o comprando. Hay que dejar que ellos mismos elijan sus maestros y directores, seguros de que el acierto ha de coronar sus determinaciones. En adelante solo podrán ser maestros en la futura república universitaria los verdaderos constructores de alma, los creadores de verdad, de belleza y de bien.


La juventud universitaria de Córdoba cree que ha llegado la hora de plantear este grave problema a la consideración del país y de sus hombres representativos.


Los sucesos acaecidos recientemente en la Universidad de Córdoba, con motivo de elección rectoral, aclara singularmente nuestra razón en la manera de apreciar el conflicto universitario. La Federación Universitaria de Córdoba cree que debe hacer conocer al país y América las circunstancia de orden moral y jurídico que invalidan el acto electoral verificado el 15 de junio. El confesar los ideales y principios que mueven a la juventud en esta hora única de su vida, quiere referir las aspectos locales del conflicto y levantar bien alta la llama que está quemando el viejo reducto de la opresión clerical. En la Universidad Nacional de Córdoba y en esta ciudad no se han presenciado desordenes; se ha contemplado y se contempla el nacimiento de una verdadera revolución que ha de agrupar bien pronto bajo su bandera a todos los hombres libres del continente. Referiremos los sucesos para que se vea cuanta vergüenza nos sacó a la cara la cobardía y la perfidia de los reaccionarios. Los actos de violencia, de los cuales nos responsabilizamos íntegramente, se cumplían como en el ejercicio de puras ideas. Volteamos lo que representaba un alzamiento anacrónico y lo hicimos para poder levantar siquiera el corazón sobre esas ruinas. Aquellos representan también la medida de nuestra indignación en presencia de la miseria moral, de la simulación y del engaño artero que pretendía filtrarse con las apariencias de la legalidad. El sentido moral estaba oscurecido en las clases dirigentes por un fariseísmo tradicional y por una pavorosa indigencia de ideales.

El espectáculo que ofrecía la Asamblea Universitaria era repugnante. Grupos de amorales deseosos de captarse la buena voluntad del futuro rector exploraban los contornos en el primer escrutinio, par inclinarse luego al bando que parecía asegurar el triunfo, sin recordar la adhesión públicamente empeñada, en el compromiso de honor contraído por los intereses de la Universidad. Otros ?los más- en nombre del sentimiento religioso y bajo la advocación de la Compañía de Jesús, exhortaban a la traición y al pronunciamiento subalterno. (¡Curiosa religión que enseña a menospreciar el honor y deprimir la personalidad! ¡Religión para vencidos o para esclavos!). Se había obtenido una reforma liberal mediante el sacrificio heroico de una juventud. Se creía haber conquistado una garantía y de la garantía se apoderaban los únicos enemigos de la reforma. En la sombra los jesuitas habían preparado el triunfo de una profunda inmoralidad. Consentirla habría comportado otra traición. A la burla respondimos con la revolución. La mayoría expresaba la suma de represión, de la ignorancia y del vicio. Entonces dimos la única lección que cumplía y espantamos para siempre la amenaza del dominio clerical.

La sanción moral es nuestra. El derecho también. Aquellos pudieron obtener la sanción jurídica, empotrarse en la Ley. No se lo permitimos. Antes de que la iniquidad fuera un acto jurídico, irrevocable y completo, nos apoderamos del Salón de Actos y arrojamos a la canalla, solo entonces amedrentada, a la vera de los claustros. Que es cierto, lo patentiza el hecho de haber, a continuación, sesionada en el propio Salón de Actos de la Federación Universitaria y de haber firmado mil estudiantes sobre el mismo pupitre rectoral, la declaración de la huelga indefinida.


En efecto, los estatutos reformados disponen que la elección de rector terminará en una sola sesión, proclamándose inmediatamente el resultado, previa lectura de cada una de las boletas y aprobación del acta respectiva. Afirmamos sin temor de ser rectificados, que las boletas no fueron leídas, que el acta no fue aprobada, que el rector no fue proclamado, y que, por consiguiente, para la ley, aún no existe rector de esta universidad.

La juventud Universitaria de Córdoba afirma que jamás hizo cuestión de nombres ni de empleos. Se levantó contra un régimen administrativo, contra un método docente, contra un concepto de autoridad. Las funciones públicas se ejercitaban en beneficio de determinadas camarillas. No se reformaban ni planes ni reglamentos por temor de que alguien en los cambios pudiera perder su empleo. La consigna de ?hoy par ti, mañana para mí?, corría de boca en boca y asumía la preeminencia de estatuto universitario. Los métodos docentes estaban viciados de un estrecho dogmatismo, contribuyendo a mantener a la Universidad apartada de la Ciencia y de las disciplinas modernas. Las lecciones, encerradas en la repetición interminable de viejos textos, amparaban el espíritu de rutina y de sumisión. Los cuerpos universitarios, celosos guardianes de los dogmas, trataban de mantener en clausura a la juventud, creyendo que la conspiración del silencio puede ser ejercitada en contra de la Ciencia. Fue entonces cuando la oscura Universidad Mediterránea cerró sus puertas a Ferri, a Ferrero, a Palacios y a otros, ante el temor de que fuera perturbada su plácida ignorancia. Hicimos entonces una santa revolución y el régimen cayó a nuestros golpes.


Creímos honradamente que nuestro esfuerzo había creado algo nuevo, que por lo menos la elevación de nuestros ideales merecía algún respeto. Asombrados, contemplamos entonces cómo se coaligaban para arrebatar nuestra conquista los más crudos reaccionarios.

No podemos dejar librada nuestra suerte a la tiranía de una secta religiosa, no al juego de intereses egoístas. A ellos se nos quiere sacrificar. El que se titula rector de la Universidad de San Carlos ha dicho su primera palabra: ?prefiero antes de renunciar que quede el tendal de cadáveres de los estudiantes?. Palabras llenas de piedad y amor, de respeto reverencioso a la disciplina; palabras dignas del jefe de una casa de altos estudios. No invoca ideales ni propósitos de acción cultural. Se siente custodiado por la fuerza y se alza soberbio y amenazador. ¡Armoniosa lección que acaba de dar a la juventud el primer ciudadano de una democracia Universitaria!. Recojamos la lección, compañeros de toda América; acaso tenga el sentido de un presagio glorioso, la virtud de un llamamiento a la lucha suprema por la libertad; ella nos muestra el verdadero carácter de la autoridad universitaria, tiránica y obcecada, que ve en cada petición un agravio y en cada pensamiento una semilla de rebelión.

La juventud ya no pide. Exige que se le reconozca el derecho a exteriorizar ese pensamiento propio de los cuerpos universitarios por medio de sus representantes. Está cansada de soportar a los tiranos. Si ha sido capaz de realizar una revolución en las conciencias, no puede desconocérsele la capacidad de intervenir en el gobierno de su propia casa.


La juventud universitaria de Córdoba, por intermedio de su Federación, saluda a los compañeros de la América toda y les incita a colaborar en la obra de libertadque inicia.


(las negritas son de quien suscribe)